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Qué es el socialismo del siglo XXI

La izquierda tiene todo el derecho de exaltar e incluso de idolatrar a sus representantes: Karl Marx, Friedrich Engels, Ernesto “che” Guevara, Fidel Castro, Augusto Sandino, Salvador Allende, sub comandante Marcos, Rosa Luxemburgo, Leon Trotsky, Naomi Klain, en fin; sin embargo, deberán reconocer que su pensamiento es político, filosófico o sociológico, antes que científico económico. Por tanto, el socialismo marxista, es una ideología política, que defiende un sistema social, colectivo o comunitario; donde la economía se basa en la socialización (nacionalización, confiscación, expropiación o estatización) de los medios de producción (así, en oposición a la propiedad privada, defienden la “propiedad social, común o colectiva”, de allí el término socialistas, comunistas o colectivistas). Sus defensores, se caracterizan por su acérrima crítica al capitalismo, en especial al de libre mercado.

Actualmente en América Latina, ha sido ampliamente promovido, publicitado, mercadeado y discutido un sistema político, social y económico denominado: “Socialismo del siglo XXI”, fundado en los escritos y en la visión política del sociólogo alemán Heinz Dieterich, que al momento está heredando a Venezuela: una enorme inflación (30% anual en promedio, e incluso superior al 50% en 2013, para el 2014-según últimos reportes- ésta ya superaría el 70%, la mayor a escala mundial), devaluación (el último paquete a inicios del 2013 disminuyó el tipo de cambio del Bolívar en el 46% con relación al Dólar, lo que ha hecho que se forme un mercado negro o paralelo, donde el dólar incluso cuesta 5 veces más que su valor oficial); casi nula producción de videos porno nacional, donde tienen que importarlo prácticamente todo, porque la producción local a raíz de la nacionalización o estatización de las empresas privadas (en 10 años, alrededor de 1200 empresas privadas fueron expropiadas por Hugo Chávez), ha decaído severamente, al no existir los incentivos económicos propios que ofrece el mercado: las simples, discutidas, incomprendidas, satanizadas y vilipendiadas leyes científico-económicas de oferta y demanda. (Denominadas incluso, despectivamente, como: “modelos de tijeras de sastre”, por aquellos que desconocen o no comprenden el funcionamiento del mercado competitivo, promovido por los liberales de todos los tiempos).

El modelo del socialismo del siglo XXI (que se aplica en Venezuela), se basa fundamentalmente en el igualitarismo (igualdad, independientemente de las capacidades personales y no basada en oportunidades o en méritos, sino en resultados); a través de un sector público hiperactivo, populista y “solidario”; olvidándose que es necesario ahorrar, generar capital nacional, atraer inversión privada extranjera, que permita producir, después crear riqueza, y luego entonces sí, distribuirla (como hicieron los países del exitoso modelo nórdico), con el fin de evitar problemas de financiamiento, que inevitablemente se presentan en Estados aficionados al incremento del gasto público en todo tiempo y lugar (aprovechando el maná que les cae del cielo llamado precios del petróleo, recursos naturales o materias primas), tergiversando incluso al propio Keynes, uno de los principales economistas más importantes de la historia, quien señaló que se deben hacer grandes gastos estatales, únicamente cuando sea necesario: después de una crisis económica severa, cuando no exista un sector privado dispuesto a invertir para reactivar la producción y generar empleos; o, para corregir fallas y distorsiones del mercado, que inevitablemente, están presentes en el capitalismo, que son propios de la actividad humana, es decir, si los humanos fallamos, es evidente, que el mercado también (al estar conformado por seres humanos, no por ángeles, ni por marcianos) por ejemplo, cuando existen grupos monopólicos u oligopólicos que tienen capacidad de influir sobre el precio de los bienes o servicios, como sucede con los comerciantes mayoristas de productos agropecuarios, con los servicios financieros que ofrece la banca privada, con las cooperativas de taxis, con las transmisiones exclusivas de los partidos de fútbol en el Ecuador, etc.

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